El anuncio de la película «Charlie y la fábrica de chocolate» decía en la cartelera para animar a la gente a verla, «Una aventura muy sabrosa». Yo, después de haber estado ayer por la tarde en el obrador de Antonia Butrón, invitada por esta fantástica mujer y por Pepe Monforte, parafraseando llamaría a esta experiencia «Antonia y la fábrica de dulces». En esta ocasión se trataba de enseñarnos cómo hacen los dulces de Cuaresma y Semana Santa.
Y qué fábrica!!. ¡¡Y qué personal tan estupendo lleva adelante esa fábrica!!, sus hijas Lourdes y Carmen, y su «casi hija» Ana, le ayudan en el trabajo. Noa lleva las relaciones públicas, y todo el personal de la plantilla pone todo su empeño en que las cosas salgan bien. Saben que Antonia quiere que no les falte trabajo y quiere que, en momentos de crisis como el que atravesamos, el obrador vaya adelante y puedan seguir trabajando todos, elaborando productos tan deliciosos.
Antonia tiene sus recetas guardadas desde que era una niña, las ha heredado de su madre y su familia, y las guarda inalterables, fieles a las que vió hacer siempre en su casa. Pero es consciente de que la tradición debe ir pareja con la renovación, y ella se ha actualizado pero manteniendo su valor y utilidad, sin perder la esencia.
Antonia inculca a los que le rodean que la presentación del producto es esencial, su exposición, su colocación y su embalaje. Por eso confió en Pedro Álvarez a la hora de elegir los envases para sus productos. Diseño, elegancia, comodidad, todo se une en la presentación de sus elaboraciones.
Bueno, pues como dije antes, la visita de ayer era, sobre todo, para enseñarnos los los productos de Cuaresma y Semana Santa. En los días previos a esta fiesta, las mujeres del pueblo iban hace años a la panadería de su familia a hornear sus rosquetas, pastas, panes…Era un acontecimiento que se repetía cada año, las amigas, vecinas, se reunían y charlaban mientras se horneaba lo que había hecho cada una. Y, de camino, cada una aportaba algo a la receta, «pues yo le echo matalauva», pues yo un poquito de ajonjolí»…Y así se iban enriqueciendo a la vez que se creaban sanas rivalidades, a ver quién lo había hecho mejor.
Todos los productos de Antonia están cargados, además de buenos ingredientes, de experiencias irrepetibles, de historia y de vida.
Como decía Don Quijote a Sancho, «la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago», y aquí se cumple este dicho, aquí van algunas fotos de estos manjares que, desde luego, saludables son y, además riquísimos.
Fuimos invitados un grupo de blogueros gastronómicos, amigos todos y que, de camino, lo pasamos estupendamente. No voy a dar nombres porque seguro que me olvido de alguno y no quiero que eso ocurra. Todos son estupendos. Nos dieron al llegar un delantal, un gorro y un dossier con información sobre Antonia, su obrador, sus productos…
En el dossier se nos informaba cómo Antonia desde pequeña creció junto a la panadería de su familia, dormía oliendo a pan. Ella nos contó cómo las mujeres del pueblo iban a la panadería a hornear los dulces de Semana Santa que habían hecho en casa, pensó que algo tan rico también podían hacerlo ellos y venderlos en la panadería. Así comenzaron a vender roscos, teleras de Semana Santa…
Antonia elaboró delante de nosotros, y con nuestra colaboración, las rosquetas típicas de estas fechas. Huevos, azúcar, harina, ralladura de limón, manteca, especias…Todo natural y de calidad.
Su dominio de la masa la llevó a elaborar el hojaldre crujiente y suave que luego ha hecho tan apreciadas sus empanadas.
Las hacen a mano, primero el hojaldre:
Las cubren y pintan con huevo batido:
Antonia no paraba de repetir que para ella es primordial que las materias primas sean de primera categoría, así usa como ingredientes huevos de Conil, miel de Grazalema…Esta miel es ecológica, artesana y elaborada según un proceso totalmente tradicional.
Hay un adjetivo que califica todos sus productos: artesanos. Todo lo que allí hacen es artesanal, usan las manos, «siempre muy limpias», decía, y eso contribuye a que todo lo que elaboran lleve otro ingredientes también importantísimos, la ilusión, el esfuerzo y la vida que ponen en ello.
Usan hornos de piedra refractaria, que reparten el calor de forma uniforme y, a su vez, aprovechan mejor la energía. Además absorben la humedad, por lo que las masas quedan más ligeras y crujientes.
En el obrador de Chiclana elaboran los productos y los suministran a las tiendas, donde son horneados, porque los productos recién hechos están mucho más buenos, mantienen mejor sus propiedades y tienen más calidad.
Me llamó la atención la limpieza de todos los mostradores, tablas, máquinas, bandejas, freidoras…todo estaba limpísimo. Los delantales, los gorros, las manos…todo limpio. A nosotros nos obligaron a lavarnos las manos también.
Me gustó especialmente ver cómo hacen las torrijas, y la historia que hay tras ellas.
Antonia vivía en el piso superior al despacho del obrador, y todos los días hacía torrijas para el desayuno de sus hijos. Un día un cliente entró en el despacho y quedó sorprendido por el olor que venía de arriba, preguntó y ella le dijo de qué se trataba. Ese señor le pidió poder comprar algunas de esas torrijas que, desinteresadamente, Antonia acabó regalándole. Pero le dió una idea, la de vender también torrijas en su establecimiento. Las hacen con pan de barra gallega, que le traen de la panadería de un familiar en Chiclana.
Venden las clásicas de vino y bañadas en naranjas, exquisitas. Con miel, azúcar y canela…
Y últimamente han innovado un tipo de torrija que no va frita sino al horno, con crema de vainilla y chocolate, que aún no han salido a la venta pero tuvimos la suerte de poder probar.
Estas torrijas, al estar horneadas en vez de fritas, salen blanditas por dentro y crujientes por fuera, deliciosas.
Y, por último, por la proximidad de San Valentín, han hecho galletas y bizcochos en forma de corazón, con frases alusivas a lo que se conmemora ese día.
Por cierto, han convocado un concurso con este motivo, aquí os dejo el enlace para el que quiera participar.
http://antoniabutron.com/blog/?tag=antonia-butron
Desde aquí invito a probar estos productos, especialmente en estas fechas las torrijas, y a probar las nuevas «de autor». Enhorabuena a Lourdes porque le salieron para chuparse los dedos. La mayoría nos los chupamos.
































Encantada de haber pasado esa tarde tan buena, con tanta delicia… espero volvamos a vernos en otro evento…
Un beso
http://www.vamosacocimar.com
http://www.cocimarlatienda.com
Pues sí que fue una tarde estupenda, y me alegró conocer a nuevos-as blogueros-as, esperemos tener más ocasiones como es estas.
Lola estoy deseando probar las torrijas, que ricas…
Dentro de nada las venden ya en las tiendas.
Qué envidia Lola!
conozco las maravillas de Antonia Butrón!! deliciosos los dulces, las empanadas y los establecimientos… exquisitos, impecables….
y famosas sus «masterclass»… ¡qué suerte! yo me he apuntado varias veces a sus cursos y todavía no he tenido la fortuna de que me toque…. No desisto, algún día….
Pues el día 23 hacen uno para enseñar a hacer estos dulces, apúntate. El problema es que no pueden hacerlo con mucha gente, es imposible, el sitio no es grande, pero si había mucha demanda hacían dos.
Estupendo reportaje, Lola: ¡qué envidia!. Lo cierto es que Antonia Butrón se ha convertido ya en todo un referente en Cádiz (desde que abrió sus tiendas) de la pastelería artesana (dulce y salada) de extraordinaria calidad. También es un ejemplo de cómo la imaginación, la innovación y el trabajo son unos buenos aliados para hacer que un negocio triunfe; no hay más que ver las colas que se forman para comprar los productos, el olorcillo magnético al pasar cerca de las tiendas y las degustaciones de sus prpoductos que ofrecen a los que pasan por delante de las tiendas… Enhorabuena a Antonia y a todo su equipo… y a ti por mostrarnos los entresijos del negocio.
Tienes mucha razón, y es una mujer que lucha diariamente por sacar adelante el negocio y cuida a sus trabajadores. Son como una gran familia, dispuestos a que todo salga bien. ¡Y qué rico está todo!.
Lola, qué rabia habérmelo perdido. Lo que hubiera disfrutado. Un montón de envidia.
El día 23 hay un taller, por si te apetece unirte, cuesta 15 euros.
Pingback: Taller de Catas en Antonia Butrón
Jajaja, Javi, qué gracia tienes, y ¡a buena hora!!. Un abrazo